Reclutamiento Militar: Articulos en Espanol

(Dos articulos aqui)

Cuatro de abril del 2003

La militarización de la vida diaria

Latinos en el frente de combate, una vez más

Jorge Mariscal - correo electronico es gmariscal@ucsd.edu

CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Desde los primeros años de la guerra estadounidense en el sudeste asiático, las comunidades latinas han argumentado que su juventud ha sido puesta en peligro de manera desproporcionada. Cuando el doctor Ralph Guzmán publicó su estudio en el que afirmó que entre 1961 y 1967, un 19,4 por ciento de víctimas en combate en Vietnam fueron mexicano-estadounidenses (sólo un 10% de la población del sudoeste en esa época), activistas chicanos y chicanas utilizaron el estudio para movilizar contra la conscripción y en última instancia contra la guerra.

Aunque no podemos saber con seguridad la cantidad de chicanos y latinos matados en el conflicto de Vietnam por las prácticas de control del Pentágono durante ese período, podemos mencionar el alto porcentaje de apellidos españoles en el Vietnam Memorial en Washington DC, y la amplia evidencia anecdótica en todo barrio chicano y latino en la nación. El ejemplo de la activista-experta Lea Ybarra, autora de una historial oral de los veteranos chicanos en Vietnam intitulado "Too Many Heroes" [Demasiados Héroes], no es único. Durante el período de la guerra de Vietnam, dieciocho de los primos de la Dra. Ybarra sirvieron en el ejército de EE.UU.

Actualmente, con la probabilidad cada vez mayor de una prolongada guerra de EE.UU. en Irak, las comunidades latinas temen una vez más que sus jóvenes hombres y mujeres estarán entre los obligados a hacer el sacrificio supremo. Los nombres de los primeros muertos y desaparecidos en acción incluyen a José Gutiérrez, José Garibay, Jorge Gonzáles, Rubén Estrella-Soto, Johnny Villareal Mata, y Francisco Cervantes, Jr.; Edgar Hernández, de 21 años, de Mission, Texas, ha sido mencionado como prisionero de guerra.

La campaña del Pentágono orientada a la juventud latina comenzó a mediados de los años 90 cuando el antiguo Secretario del Ejército Louis Caldera decidió que la creciente población latina debería ser orientada hacia el servicio militar. Estimados en esa época en un importante 11% de la población general. los latinos formaban el sector de crecimiento más rápido y tendrían la mayor cantidad de jóvenes en edad militar de cualquier otro grupo minoritario hasta bien comenzado el nuevo siglo. Según un artículo en Army Times, los hispanics constituían un 22% del "mercado" de reclutamiento militar, casi el doble de su presencia en la sociedad. Los reclutadores citaban a las universidades y a las escuelas vocacionales como rivales en competencia por la misma reserva hispanic.

Utilizando el cebo del dinero para la capacitación técnica y universitaria, Caldera apeló al patriotismo relativamente poco crítico de las familias inmigrantes latinas y se basó en la realidad de las tasas relativamente elevadas de abandono de los estudios de los latinos, la baja cantidad de graduaciones universitarias (sólo un 5% de los graduados universitarios), y las limitadas oportunidades de carrera. Aunque el Pentágono se opuso (y sigue opuesto) a la conscripción, las estructuras básicas de la conscripción económica estaban establecidas. Como por arte de magia, Caldera elaboró el mito de que la misión central de las fuerzas armadas era la educación. Su verdadera misión -el conflicto armado- fue más fácil de disimular durante los años de Clinton.

Irak ha claramente cambiado todo eso y los latinos y las latinas se encuentran una vez más en las primeras líneas del frente. ¿Pero cuál es su número exacto? Los reclutadores militares continúan concentrándose en las comunidades latinas porque, según el Pentágono, los latinos están sub-representados. Con un poco más de un 13% de la población civil entre 18 y 24 años en 2001, los latinos llegaban a sólo un 9,5% del personal alistado. Aunque las cantidades son probablemente algo más elevadas ahora por el impulso dado al reclutamiento de más "hispanics" en los últimos años, los latinos probablemente siguen "sub-representados".

Pero más importante que el número de latinos y latinas en uniforme es un entendimiento de dónde se les encuentra en las fuerzas armadas. Según estadísticas del Departamento de Defensa de 2001, los latinos representaban un 17,7% de las ocupaciones en "infantería, equipos de artillería, y navegación" en todas las ramas del servicio. De esos latinos y latinas en el Ejército, un 24,7% ocupa esos puestos y en los Marines, un 19,7%. Recuérdese que los latinos corresponden a sólo un 13% de la población general. (Aunque las mujeres no sirven en la "Infantería", pueden verse en los equipos de artillería y en otras formas de servicio peligroso.) En otras palabras, latinos y latinas están sobre-representados en las posiciones de combate.

Pero la historia no termina ahí. Los recientes acontecimientos en Irak han mostrado que los GIs (soldados rasos) en ocupaciones militares calificadas de no-combatientes están igualmente en peligro. Cuando quince soldados de la 507 Compañía de Mantenimiento fueron capturados o matados por fuerzas iraquíes la semana pasada, nos recordamos de una de las lecciones de Vietnam y guerras anteriores -en todo conflicto en gran escala-, de que "las líneas del frente" nunca son fijas y que nadie está jamás lejos del riesgo. Los matados y capturados en la emboscada en las afueras de Nasiriyah fueron conductores de camión, soldadores, cocineros, y mecánicos.

En la categoría de ocupaciones de "Suministro" en el Ejército, los latinos y latinas ocuparon un 10,3% y en los Marines un 15,6% en el año fiscal 2001. En este caso los africano-estadounidenses están desproporcionadamente representados con un 16% en las ocupaciones de "Suministro" del Ejército y un 19,9% en puestos similares en los Marines. (En 2001, los africano-estadounidenses incluían aproximadamente a un 12,7% de la población civil de 18 a 24 años y un 12,2% de todas las ocupaciones generales de combate, pero un 14,6% de los puestos relacionados con el combate en el Ejército.) El prometido entrenamiento en alta tecnología, transferible a la vida civil, simplemente no se aplica a esos jóvenes hombres y mujeres.

Con el fin de la Guerra Fría, el tamaño de las fuerzas armadas de EE.UU. disminuyó. Desde 1992 a 2001, la cantidad de personal en servicio activo disminuyó en un 23%. La cantidad de latinos en uniforme, no obstante, aumentó en un 30%. Inmensos aumentos en la cantidad de nuevos inmigrantes de América Latina durante la década de los 90 (más de 4,5 millones de llegadas legales) significa que los reclutadores podrán ocuparse de las comunidades latinas durante años por venir.

Entre los numerosos impactos a plazo de la agenda reaccionaria de la administración Bush estará la ulterior militarización de todos los aspectos de la sociedad de EE.UU. La presencia de los militares en los sistemas de escuelas públicas en todo el país es sólo una señal de la permanente incursión del militarismo dentro de la estructura misma de nuestra cultura. Hoy, después de presenciar a docenas de jóvenes latinos y latinas en uniformes junior del ROTC [entrenamiento de oficiales de reserva]? marchando en un desfile para honrar la memoria de César Chávez, un discípulo de la no-violencia gandhiana, me persigue la pregunta, "¿Cuándo comenzarán las comunidades latinas a negarse a llevar a sus jóvenes al altar rojo, blanco y azul que ha sido preparado para su sacrificio?

Veinte y dos de marzo de 2003

Jorge Mariscal es veterano de la guerra de Vietnam y enseña en la Universidad de California, San Diego. Es miembro activo del Proyecto YANO.

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“Murieron por poder estudiar”: El futuro de los latinos en EE.UU. en una era de guerra y ocupación.

Jorge Mariscal

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

En circunstancias en que el ataque de EE.UU. contra Irak pasa de la fase de la invasión a la de la ocupación y que continúan las declaraciones belicistas del Pentágono, es hora de pensar dónde se encuentra la comunidad latina en Estados Unidos dentro del contexto general del Nuevo Orden Mundial.

Muchos jóvenes latinos y latinas de la clase trabajadora, que aceptan la visión del servicio militar como un atajo para ir a la universidad o para lograr una capacitación laboral, buscan simplemente un camino para conseguir un trozo del Sueño Estadounidense. Pero la realidad de ese sueño continúa siendo relativamente distante para la comunidad chicana/mexicana. Más específicamente, las alternativas al servicio militar disponibles para la juventud mexicana son mucho menores que para los otros grupos. Hasta que se comprenda este hecho, la injusticia fundamental de que la juventud mexicana y chicana muera para “liberar” Irak (o cualquier otra nación en desarrollo) no podrá ser captada en toda su importancia.

Uno de los hechos más significativos durante los primeros días de la guerra fue la cantidad de soldados y marines con apellidos españoles muertos o desaparecidos en acción. Hubo la sensación de que las comunidades latinas estaban sacrificando una vez más a sus jóvenes fuera de toda proporción, tal como lo hicieron en Vietnam. Los medios comenzaron a comentar que los latinos en las fuerzas armadas están sobre-representados en las unidades de combate y suministro (especialmente en el Ejército y los Marines) y por lo tanto es más probable que sean expuestos a tareas peligrosas.

El público estadounidense fue informado de que miles de no-ciudadanos están ahora en las fuerzas armadas de EE.UU. (aproximadamente un 3% del personal enrolado, un tercio del cual es de América Latina). La administración Bush estableció un proceso de vía rápida para la nacionalización de reclutas extranjeros en julio de 2002, como parte de la “guerra contra el terror”. En lugar de esperar tres años antes de solicitar la ciudadanía, los poseedores de la green-card en las fuerzas armadas que ingresaron después del 11 de septiembre de 2001, pueden solicitar de inmediato la ciudadanía. Ofertas semejantes son otorgadas en cantidades limitadas durante períodos de “hostilidades militares”. (Esta semana John McCain?, Ted Kennedy, y ocho senadores más presentaron una ley que reduciría permanentemente el período de espera de tres a dos años y que otorgaría beneficios para las esposas no-ciudadanas de soldados no-ciudadanos muertos en acción.)

Aunque la Orden Ejecutiva de Bush no contenía garantías de que el estatus de ciudadano sería otorgado o incluso acelerado, el rumor de que se estaba otorgando automáticamente la ciudadanía por el servicio militar comenzó a circular en las comunidades latinas tanto aquí como en el extranjero. La cantidad de residentes permanentes enrolados aumentó de 300 al mes antes de la reforma de la vía rápida a 1.300 al mes. Se informa que ciudadanos mexicanos llenaron los consulados tratando de registrarse como voluntarios. Reclutas ciudadanos y no-ciudadanos se alistan a menudo como un camino para conseguir una educación, seducidos por la promesa de los reclutadores de proveer capacitación técnica o dinero para la universidad después de una baja honorable. Para residentes permanentes que estuvieron en Irak, su tortuoso camino a la universidad los condujo de América Latina a EE.UU., de ahí a Bagdad, al-Nasiriyah, y Mosul. Algunos no irán a estudiar como habían ansiado ellos y sus familias. En lugar de hacerlo murieron en la línea del deber, y después recibieron la ciudadanía póstuma con mucho bombo y platillo y banderas por todas partes.

Mucha gente en las comunidades latinas, incluso algunos padres de soldados caídos, se refugiaron en los sentimientos patrióticos tradicionales. El padre del colombiano Diego Rincón, soldado del ejército matado en un ataque suicida, dijo según informes: “Lo único que me sostiene es asegurarme de que sea enterrado como estadounidense. Eso será la realización de mi sueño” (USA Today, 9 de abril de 2003). En un artículo en el sitio en la red LatinoLA? sobre la muerte de la nacional guatemalteca José Gutiérrez, Gil Contreras se envolvió en la bandera, “honor” y “Semper Fi” antes de criticar a los manifestantes contra la guerra chicanos y chicanas por quejarse demasiado. El subtítulo del artículo de Contreras contiene la afirmación cínica de que las víctimas latinas demostraron que “los latinos pueden ser más que miembros de bandas y criminales”. De la misma manera que integracionistas de períodos anteriores, parece que Contreras prefiere los héroes muertos a los ciudadanos vivos y productivos.

Para otras latinas y latinos, el otorgamiento de la ciudadanía póstuma constituye una amarga ironía. ¿Tuvieron que morir los inmigrantes mexicanos y centroamericanos para obtener la aprobación de la mayoría de la sociedad estadounidense? O como decía una antigua canción chicana de la guerra de Vietnam: “¿Debería un hombre/Debería matar/Para vivir/Como un ser humano/En este país?” Si los latinos son suficientemente buenos para el servicio militar (tanto que las academias militares continúan con el empleo de políticas de acción afirmativa), ¿por qué no son suficientemente buenos para recibir una educación decente? Finalmente, ¿cómo se puede reconciliar el hecho de que extranjeros de América Latina combatieron con las fuerzas armadas de EE.UU. al mismo tiempo que “ranchers” vigilantes armadas cazaban por deporte a trabajadores mexicanos a lo largo de la frontera de México con Arizona?

A pesar de que las comunidades latinas estuvieron divididas al respecto, comenzaron a proliferar iniciativas a favor de una ciudadanía acelerada. Dos senadores de Georgia, donde la población latina aumentó en un 299,6% durante la década de los años 90, presentaron una ley que automatizaría la ciudadanía póstuma. Los dirigentes de la Iglesia Católica hicieron recomendaciones similares. Se dijo poco del hecho que la ciudadanía póstuma era sólo un gesto simbólico que no resultaría en derechos o beneficios para la familia del fallecido. (En la semana pasada, el representante Darrell Issa (republicano de California) propuso la ciudadanía automática para la esposa y los niños supervivientes de soldados no-ciudadanos matados en batalla que hayan recibido la ciudadanía póstuma).

POR QUÉ SE ENROLAN LOS LATINOS Y LAS LATINAS “¿Por qué debería considerar el logro de una educación en la Armada?” (corte para pasar a una imagen de un portaaviones) “Ésta es una de sus salas de clase”. Anuncio de la Armada de EE.UU. en la televisión, abril de 2003

Por un lado, los soldados latinos y latinas no son diferentes de otros jóvenes pobres atraídos por la red tejida por los reclutadores militares. Se ha informado ampliamente que la antigua prisionera de guerra Jessica Lynch, hija de una familia pobre de Appalachia, se alistó porque quería ser maestra. Según su antiguo mentor, el joven de Guatemala, José Gutiérrez, se enroló en los Marines para lograr una educación. Francisco Martínez Flores, de veintiún años, muerto cuando su tanque cayó en el Éufrates, se enroló para poder ir a la universidad y llegar a ser corredor de valores o agente del FBI, según sus amigos (Betsy Streisand, “Latin Heroes,” U.S. News and World Report, 14 de abril de 2003). En breve, lo que motivó a esos jóvenes a enrolarse fue menos la defensa de “nuestra libertad” u “honor” que el simple objetivo de mejorar su acceso a una educación decente y una vida mejor. El mito de que la misión principal de las fuerzas armadas sea la educación fue reforzado por el antiguo Secretario del Ejército Louis Caldera durante los años de Clinton. Durante los años 90, el Ejército no cumplía con sus cuotas de reclutamiento. Caldera y los planificadores del Pentágono se dieron cuenta que los latinos constituían la población de crecimiento más rápido en cuanto a los jóvenes de edad militar, y comenzaron a promover el programa del Ejército ofreciendo el pago de la capacitación del certificado GED (un equivalente aproximadazo de un diploma de educación secundaria.) El objetivo, según Caldera, era aumentar el acceso al “mercado hispano” como una fuente importante de reclutamiento. Los portaaviones se convirtieron en “salas de clase”.

La promesa educativa estaba en una relación difícil con otros mensajes más tradicionales que tenían que ver con lo que el Pentágono consideraba el “machismo” latino. Los trasfondos racistas del enfoque no pueden ser ignorados. Un artículo en ArmyLink? News subrayó que muchos de los apellidos en el monumento a Vietnam eran españoles y que tres soldados capturados durante el conflicto de Kosovo eran de origen mexicano. ¿La conclusión del autor? –“Por éstas y muchas otras medidas, los hispanos son uno de los grupos étnicos con más inclinación marcial” (Sydney J. Freedberg, Jr., “Not Enough GI Joses,” ArmyLink? News, agosto de 1999). Algunos reclutadores informaron que incluso los reclutas mexicano-estadounidenses que “aprobaron su salida de la infantería” (es decir que tuvieron un nivel suficientemente alto para calificarse para otras tareas militares) prefirieron entrar a la infantería (esto a pesar de un estudio RAND de 1999 que explicó las bajas cantidades de minorías en las unidades de Operaciones Especiales por su “preferencia por ocupaciones con menos riesgo”). El propio Caldera afirmó que los hispanos estaban “predispuestos” a favor del servicio militar, al argumentar que el Ejército daba la “mejor educación del mundo”.

Y así el Pentágono lanzó una masiva campaña de publicidad enfocando el mercado latino. “30.000 dólares para la universidad” afirmaban los glamorosos anuncios, aunque la letra pequeña no señalaba que muy pocos veteranos tendrían jamás la oportunidad de ver una suma semejante. Tampoco se mencionada que estudios longitudinales demuestran que la gente que va directamente a la universidad gana más dinero a lo largo de una carrera que los que entran primero a las fuerzas armadas. “La educación” se convirtió en la palabra de moda de los reclutadores porque el Pentágono había averiguado por estudios subcontratados a Rand Corporation y a otros gabinetes estratégicos que los reclutas latinos y latinas se unieron a los militares sobre todo para lograr “la posibilidad de transferir a puestos civiles”. Con la posible excepción de carreras en el mantenimiento del orden, sin embargo, la experiencia con armas de pequeño calibre y la conducción de camiones no llevaba al éxito en la vida civil. El servicio militar no elimina las brechas económicas que separan a la mayoría de los latinos del resto de la sociedad, sino que puede aumentarlas.

LOS CHICANOS/MEXICANOS Y LA FALTA DE OPCIONES

Según el Informe Interino de septiembre de 2002 de la Comisión Consultiva del Presidente sobre Excelencia Educativa para Hispanoamericanos, los mexicanos étnicos en Estados Unidos están por debajo de otros grupos latinos “en casi todos los indicadores sociales y económicos”. Los inmigrantes mexicanos de primera generación, que componen un 54% de todos los inmigrantes legales latinoamericanos, tienen posibilidades de vida significativamente más reducidas que sus equivalentes mexicano-estadounidenses. La tasa de abandono de los estudios secundarios de cerca de un 30% para los mexicano-estadounidenses es bastante mala, pero la tasa es más del doble (un 61%) para los nuevos inmigrantes.

Aunque los mexicano-estadounidenses tienen mejores resultados en el campo educacional que sus equivalentes recientemente llegados, cuando sus logros educacionales son comparados con cualquier otro subgrupo latino, se quedan atrás. Entre todos los latinos de más de 25 años, por ejemplo, sólo un 10,8% de mexicanos étnicos tienen un grado de bachiller o superior, comparado con un 13,9% entre puertorriqueños y un 18,1% de cubano-estadounidenses (Informe Interino de 2002).

Aunque los latinos tienen una alta tasa de participación en la fuerza laboral, más de un 11% de los trabajadores latinos viven en la pobreza. Cerca de un 7% de los latinos con trabajo a tiempo entero seguían viviendo bajo la línea de pobreza en 2001 (en comparación con un 4,4% de africano-estadounidenses y un 1,7% de blancos). De todos los empleados del sector privado en EE.UU., un 41,5% es considerado como obreros, pero un 63,5% de todos los latinos tienen trabajos manuales (Comisión de Igualdad de Oportunidad en el Empleo de EE.UU. 1998). En 202, un 61% de todos los trabajadores en la producción agrícola eran latinos, la vasta mayoría de origen mexicano. Mientras cerca de un 11% de los blancos no-hispanos ganan más de 75.000 dólares por año, sólo un 2% de todos los latinos llegan a ganar esa suma. Entre todos los graduados de escuela secundaria que asisten a programas de graduados y profesionales, los latinos suman sólo un 1,9% (comparado con un 3% de negros, un 3,8% de blancos, y un 8,8% de asiáticos.)

Se podría seguir hablando de este sombrío cuadro de lo que el futuro promete a las comunidades latinas. La penuria de buenos puestos sindicalizados y la disminución de fondos públicos para trabajadores culturales sólo aumentan el sentido de la disminución de oportunidades. ¿Puede sorprender, ante estas desalentadores condiciones materiales, que las caras de jóvenes latinos y latinas estén repletando las filas inferiores de los militares en las ocupaciones de menor nivel técnico? Al hacerlo, el suministro de maestros, doctores, y otros profesionales latinos y latinas sigue disminuyendo, un hecho con consecuencias devastadores para nuestras comunidades en décadas futuras.

Por ello la sangre latina fluye ahora en las antiguas aguas del Tigris y el Éufrates. Una ironía histórica de estremecedoras proporciones –que los espíritus de los descendientes de las grandes civilizaciones indígenas de Mesoamérica se mezclen ahora con los de los herederos de la antigua Mesopotamia. ¿Qué podemos decir de los jóvenes latinos que sacrificaron sus vidas en Irak? Que combatieron sin conocer a su enemigo, que jugaron su rol como peones en un juego de ajedrez geopolítico planeado por arrogantes burócratas, y que simplemente murieron por conseguir una educación; tratando de alcanzar el Sueño Estadounidense que ha eludido a la vasta mayoría de los latinos durante un siglo y medio; muriendo como soldados que sólo querían ser estudiantes.

Jorge Mariscal es un veterano de Vietnam que se pregunta cuántos latinos más tendrán que morir en el campo de batalla antes de que se les otorguen las oportunidades básicas que prometen a todos los ciudadanos.